Aquí encontrarás la lección del día de Un Curso de Milagros y debajo, un resumen de todas las lecciones del mes.

Lección 188: 06 de Julio

 

LECCIÓN 188

La paz de Dios refulge en mí ahora.

  1. ¿Por qué esperar al Cielo? ?Los que buscan la luz están simple­mente cubriéndose los ojos. 3La luz ya está en ellos. 4La ilumina­ción es simplemente un reconocimiento, no un cambio. 5La luz es algo ajeno al mundo, y tú en quien mora la luz eres asimismo un extraño aquí. 6La luz vino contigo desde tu hogar natal, y permaneció contigo, pues es tuya. 7Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente. 8Refulge en ti porque ilumina tu hogar, y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar.
  2. Esta luz no se puede perder. 2¿Por qué esperar a encontrarla en el futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió? 3Es tan fácil contemplarla que los argumentos que demuestran que no puede existir se vuelven irrisorios. 4¿Quién podría negar la pre­sencia de lo que contempla en sí mismo? 5No es difícil mirar en nuestro interior, pues ahí nace toda visión. 6Lo que se ve, ya sea en sueños o procedente de una Fuente más verdadera, no es más que una sombra de lo que se ve a través de la visión interna. 7Ahí comienza la percepción y ahí termina. 8No tiene otra fuente que ésta.
  3. La paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo. 2Se detiene a acariciar cada cosa viviente, y le deja una bendición que ha de perdurar para siempre. 3Lo que da no puede sino ser eterno. 4EIimina todo pensamiento de lo efímero y de lo que carece de valor. 5Renueva todos los cora­zones fatigados e ilumina todo lo que ve según pasa de largo. 6 Todos sus dones se le dan a todo el mundo, y todo el mundo se une para darte las gracias a ti que das y a ti que has recibido.
  4. El resplandor de tu mente le recuerda al mundo lo que ha olvi­dado, y éste a su vez, restituye esa memoria en ti. 2Desde ti la salvación irradia dones inconmensura e1bamos que nos había hecho. 3Pues somos nosotros quienes construimos el mundo como queremos que sea. 4Ahora elegimos que sea inocente, libre de pecado y receptivo a la salvación. 5Y sobre él vertemos nuestra bendición salvadora, según decimos:

6La paz de Dios refulge en mí ahora. 7Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz, y que yo las bendiga con la luz que mora en mí.

«COMENTARIOS A LAS LECCIONES» de Robert Perry y Ally Watson
Comentario

En esta frase siempre siento la mayor importancia en la última palabra “ahora”. Me habla del instante santo. Me dice que, sean cuales sean las tormentas que parezcan estar rugiendo en mi mente, sean cuales sean las circunstancias caóticas en las que me encuentre, dentro de mí hay un faro constante de paz, siempre brillando, constante y sin fin. Me invita a pararme un momento, a retirar mi atención de la agitación que caracteriza mi “vida” en este mundo, y volverme a conectar con la paz. En algún lugar dentro de mí, hay un lugar que siempre está en perfecta paz, como el ojo de un huracán. Y puedo encontrar ese lugar en cualquier momento que lo elija, deseando encontrarlo de verdad.

El Curso es insistente en su visión. Nada nos separa del Amor de Dios. La completa salvación, la paz perfecta, la pura dicha, y el perdón completo siempre están disponibles ahora. “La ilumina­ción es simplemente un reconocimiento, no un cambio” (1:4). Lo que llamamos la iluminación es sencillamente reconocer la presencia de la luz, que nunca nos ha dejado. Es darse cuenta de que la única razón de que no podamos ver la luz es que nos tapamos los ojos con las manos. Por eso es por lo que “no necesitamos hacer nada”. No tenemos que hacer, tenemos simplemente que deshacer. Dejamos de impedir la luz, que siempre está ahí.

Recordarás que se anunció que esta serie de lecciones estaba directamente dirigida para ciertos obstáculos concretos, (L.In.181-200.2:1). El obstáculo concreto al que se refiere esta lección es simplemente la tendencia a ver la iluminación como algo futuro. Las palabras del comienzo son la clave: “¿Por qué esperar al Cielo? ¿Por qué esperar a encontrarla en el futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió?” (1:1; 2:2). Todo lo que necesitamos hacer para descubrir su realidad es mirar dentro de nosotros mismos, donde siempre ha estado.

Pero la paz de Dios no sólo está dentro de mí, está brillando en mí. “La paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo” (3:1). Me puedo sentir oprimido, me pudo sentir desolado. Sin embargo, desde dentro de mi ser la paz de Dios se extiende como un faro universal a todo el mundo. Mi mente recta se extiende a sí misma para ayudar a toda la creación, deteniéndose a “acariciar cada cosa viviente” (3:2) (¡Qué imagen más hermosa le trae eso a mi mente!), dejando una bendición para siempre a todo lo que toca. Eso es parte de lo que traigo a mi consciencia, eso es parte de la imagen de mi Ser que estoy aprendiendo a reconocer cada vez que me paro, me aquieto, y miro dentro de mí. Cuando el Curso dice que estoy entre los salvadores del mundo, no me habla algo que tenga que lograr, me habla de lo que ya soy.

Ahora e incluso en mis momentos más obscuros, dentro de mí hay una corriente continua de pensamientos de luz. Hay una corriente de luz celestial que aumenta constantemente a través de mí para extender amor y bendecir al mundo y a mí mismo. Esa corriente de pensamientos es algo de lo que puedo ser consciente y con lo que puedo sintonizar en el instante santo.

“Acepta Su Palabra acerca de lo que eres” (8:2); esto es lo que esta lección nos pide que hagamos. Leemos acerca del Cristo, leemos acerca del Buda y de su corazón compasivo. Buda eres tú. Y ése es el mensaje de Jesús a nosotros, que somos como él es. “Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él” (1Juan 2:6). Somos el Cristo, eso es lo que somos, eso es lo que necesitamos aceptar. Parece demasiado elevado, mucho más allá de la idea que tenemos de nosotros mismos. Pero en el instante santo, en la quietud, cuando nos retiramos del mundo y dejamos que nuestros “pensamientos lleguen hasta la paz que yace dentro” de nosotros (6:4), podemos conocernos a nosotros como el Cristo. Podemos sentir la profundidad del amor que quiere expresarse a sí mismo a través de nosotros.

Puede que no hagamos ese gran trabajo todavía, dejar que ese amor salga. Puede que nos interpongamos en su camino a menudo. Pero está en nosotros, y es nosotros, el amor que quiere abrazar al mundo, sanar sus heridas y secar sus lágrimas. Todos sabemos que es así si miramos dentro. Hoy podemos contemplar al mundo y a todos los que están en él y decir:

Las perdonamos a todas, y absolvemos al mundo entero de lo que pensábamos que nos había hecho… Ahora elegimos que sea inocente, libre de pecado y receptivo a la salvación. Y sobre él vertemos nuestra bendición salvadora, según decimos:

La paz de Dios refulge en mí ahora. Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz, y que yo las bendiga con la luz que mora en mí. (10:2,4-7)